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Resumen

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Louis Soutter, primo de Le Corbusier, era un afamado violinista que, al final de su vida, fue internado en un sanatorio suizo. Soutter amaba dibujar. Sus figuras humanas, lascivas y alargadas, flotan juntas como un fluido, extendiéndose de arriba a abajo y de margen a margen, decorando cualquiera de las superficies que Soutter cubría. Cuando Le Corbusier dio a Soutter copias de sus afamados libros, rápidamente ‘sobredibujó’ en sus imágenes. Sus dibujos no anulaban el texto visual, sino que lo comentaban. Resultaba una intrigante dialéctica. En un artículo de 1936 de la revista Minotaure, Le Corbusier describía con benevolencia a Soutter como un artista espontáneo. Después de la Segunda Guerra Mundial, el propio Le Corbusier practicó el ‘sobredibujo’. El diálogo visual tan ambiguo que resulta de ‘verter’ garabatos sobre imágenes preestablecidas, es único en la oeuvre de Le Corbusier. Éste es el tema del artículo.

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